Personajes ilustres

El legado de Medardo Ángel Silva también se mantiene vivo en su nieta

“A mí me encantaba sentarme con ellos porque la conversación era dulcísima y siempre hablaban de Medardo”, estas son las palabras de Nancy Menéndez Silva, nieta menor del poeta Medardo Ángel Silva, al referirse a las conversaciones que su madre, María Mercedes Silva Carrión (hija de Medardo), mantenía con el poeta José María Egas.

Ella junto con su hermano, René Colón Quevedo Silva (+), son los nietos directos del bardo guayaquileño.

Menéndez, quien actualmente reside en Milwaukee, Estados Unidos, recuerda con cariño aquellas tardes en su casa donde se daban estas largas pláticas que dejaban al descubierto detalles sobre la personalidad y vida de su abuelo. “Cómo vestía, sus comidas predilectas, las chicas que le gustaban y más”, eran parte de las tertulias. Pero además de esta amistad se confirmó lo que hace muchos años su abuela, Ángela Carrión Vallejo, le habría confesado a su madre, la verdad sobre quién era su papá.

Fue el 24 de septiembre de 1918 que nace María Mercedes Silva Carrión, cuando el bardo guayaquileño tenía 20 años. Cerca de cumplir los nueve meses de vida queda huérfana de padre, pues el 10 de junio de 1919 Medardo A. Silva muere, sin inscribir legalmente a su hija.

El historiador Rodrigo Pesántez Rodas muestra en su libro Visión y revisión de la literatura ecuatoriana una copia de la partida de nacimiento de Silva Carrión, en la que se lee que la sentencia de posesión notoria de apellidos le fue dictada el 13 diciembre de 1963.

Esto determina que María Mercedes Silva fue inscrita legalmente a la edad de 45 años. Algo confirmado por Nancy Menéndez, quien fue testigo de todo, señala que luego de esto su progenitora tuvo un acercamiento aún más profundo con la memoria del vate guayaquileño. Según sus declaraciones, Silva Carrión nunca guardó un resentimiento. “Ella (su madre) siempre decía –si tu abuelo viviera esto sería distinto– ella tenía mucho respeto por la memoria de Medardo, aunque no lo haya conocido”.

Opinión

Opinión: Solsticio por Julio Llamazares

Pese a los muchos siglos de religiones modernas, en el fondo de nuestras conciencias alienta un animismo primitivo que tiene que ver con lo natural más que con la filosofía y la ciencia.

A coger el trébole (el trébol de cuatro hojas, ese que da buena suerte), encender y saltar hogueras o bañarse en los ríos o en el mar bajo la Luna: millones de personas en el mundo saldrán un año más de sus casas la noche de este domingo, cumpliendo con un rito pagano para unos y cristiano para otros. La noche de San Juan, aunque no coincide exactamente con el solsticio de verano (el de invierno en el hemisferio sur) tiene su origen en él y como tal es tomado por muchísimas personas, que consideran la fiesta una celebración panteísta. Pese a los muchos siglos de religiones modernas, en el fondo de nuestras conciencias alienta un animismo primitivo que tiene que ver con lo natural más que con la filosofía y la ciencia.

A la vez que el mundo avanza hacia la tecnificación robótica, que la informática y la astrología conectan el conocimiento humano y el universo, cada vez menos ignoto, la humanidad sigue teniendo necesidad de misterio, de algo que la haga sentir viva por encima de la tecnología. Enganchados a móviles y a ordenadores, necesitamos a la vez sentir que estos no lo solucionan todo y que hay algo que se les escapa, algo que nos pertenece y que ya estaba dentro de nuestros espíritus antes de que aparecieran ellos. Algo que tampoco tiene que ver con la religión como nos la presentan, en todo caso con sus antecedentes mágicos. En el fondo de todos nosotros, lo queramos o no, hay un eco de la historia de ese tiempo en el que las preguntas aún no tenían respuestas, o por lo menos no todas ellas.

La noche de San Juan en Occidente va unida a la superstición, una rémora para quienes consideran que todo tiene una explicación científica. Posiblemente estén en lo cierto, pero eso no les faculta para descalificar a quien necesita creer en algo diferente de lo que la tecnología y la ciencia nos presentan como único real. Sin entrar en creencias milenaristas o en fantasías heterodoxas, de esas que las televisiones también nos venden como si fuera una publicidad más, hay gente que necesita seguir pensando para vivir que no todo tiene explicación y que cabe aún el misterio en este mundo, llámese poesía o representación sin más. Por eso, en noches como estas, la de San Juan o la de Navidad, la más corta y la más larga dependiendo de los hemisferios terrestres, todos sentimos un estremecimiento y un desasosiego que tratamos de convertir en fiesta, para no reconocer que nos asusta el misterio del tiempo y nuestro desvalimiento como especie, en medio del gran enigma del universo y de la eternidad que intuimos detrás de él. “El mayor de los soles en un lado / y del otro luna nueva / lejos de la memoria como aquellos pechos / Y en medio el abismo de la noche estrellada, / el cataclismo de la vida”, escribió el poeta griego Yorgos Seferis mirando el cielo de Atenas un solsticio de verano, sin saber que esa noche quedaría para siempre prendida de su poema como de tantos poemas escritos por tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, la mayoría de ellos perdidos para siempre con las luces de la noche, con las hogueras y las ilusiones brotadas al calor de su fantasía, tan fugaz. Otro poeta, este de la pintura, lo escribió con sus pinceles en un lienzo cuyo título, Noche estrellada, resume todos esos poemas, los conocidos y los por escribir. “Las piedras de molino muelen todo / y todo en astros se convierte / En vísperas del día más extenso”, dejó escrito Seferis.

Arte

Universidad de las Artes, sede de cita internacional

El centro de Guayaquil acoge durante estos días (desde el pasado lunes) a los participantes del IV Encuentro Internacional de Investigación en Artes, organizado por la Universidad de las Artes (UArtes), a través del Instituto Latinoamericano de Investigación en Artes (ILIA).

En el auditorio del MAAC, la biblioteca de las Artes, el edificio Enrique Tábara y los pabellones del campus centro de las Artes (en la universidad), participan en los debates de investigación y creación artística, además de los invitados internacionales, los profesores de la institución involucrados en este campo.

De los 200 docentes de la UArtes, más del 70% ejercen actividades de investigación, dice Pablo Cardoso, director de ILIA.

“En esta jornada, la cuarta vez que organizamos de manera consecutiva, hemos privilegiado los temas que tienen que ver con el archivo y la memoria, las políticas públicas y de la creatividad y las pedagogías críticas, como desafío, buscando la reflexión sobre enseñar y transmitir el arte”, agrega Cardoso.

Hasta mañana se tiene previsto que se desarrolle el encuentro, cuya inauguración se realizó en la Plaza Pública de la Plataforma Cultural MZ14 (en 9 de Octubre y Panamá); se mantendrán las actividades, que incluyen mesas de diálogo, conferencias perfomáticas, exposiciones artísticas, presentaciones musicales, creaciones de los estudiantes y docentes.